Su clima es oceánico, suavizado por las corrientes del golfo, que sigue la costa oeste de la isla. No hiela casi nunca en invierno y hay escasa diferencia entre la media invernal y estival. Aunque las oscilaciones térmicas sean poco pronunciadas, en el oeste llueve con más frecuencia y se registran mayores índices de humedad que en el oeste. La costa sudeste es la más soleada.
Su historia, hecha a base de tragedias, rebeliones, masacres y éxodos, resulta muy caótica, larga y repleta de acontecimientos, lo que le ha proporcionado un rico legado artístico y arquitectónico: museos, monumentos prehistóricos, abadías en ruinas y elegantes mansiones de estilo georgiano. Es desde Mayo a Septiembre el mejor período para visitar Irlanda, los monumentos y museos fuera de las grandes ciudades abren sus puertas y se celebran importantes espectáculos folclóricos y culturales.
Los primeros habitantes, pescadores, cazadores y nómadas llegaron a Irlanda hacia el año 7500 A.C. por un brazo de tierra que todavía enlazaba la isla con Escocia. Aquellos hombres primitivos los Fir Bolg se dedicaban al cultivo de los cereales y la ganadería. La construcción megalítica como el de Newgrange atestigua sus conocimientos arquitectónicos y astronómicos, así como sus inquietudes espirituales. El valle del Boyne cuenta con más de mil doscientos dólmenes en total.
La llegada de los celtas a Irlanda (se especula que fue, entre los años 200 y 100 A. C.) Importaron su sistema social, basado en la familia numerosa y la tribu. la civilización celta se desarrolló en Irlanda como en ninguna otra parte y subsisten numerosas huellas de este legado, como las Cruces Celtas (High Crosses), así como tantas y tantas leyendas repletas de caballeros valientes, reinas crueles, hadas y duendes.
Cuenta una leyenda Irlandesa que unos niños, " Los hijos del rey Lir", un maleficio los convirtió en cisnes y despertaron de esa pesadilla demasiado viejos y debilitados para sobrevivir. El escultor Oisin Kelly plasmó en 1971 esta leyenda en bronce, situada en Parnell Sq. Dublín.
A partir del año 430, la Irlanda celta empezó a convertirse al cristianismo. Muchos de sus misioneros procedían de Bretaña, entre ellos San Patricio, quien según la leyenda, un trébol permitió a San Patricio explicar el misterio de la Santísima Trinidad a un rey pagano y convertirlo llegó en el año 432. Hijo de un centurión romano, bretón, San Patricio nació hacia 385-390. a los 16 años fue raptado por unos piratas y entregado como esclavo a un druina en el Ulster. Después de su evasión y una sólida formación religiosa, el Papa Celestino I le envió a la tierra de sus antiguos carceleros para evangelizar la Irlanda pagana. El día 17 de marzo, se celebra San Patricio siendo la fiesta nacional de Irlanda.
Aunque es su gente uno de los mayores atractivos de Irlanda, La impresión que tuve es un conjunto de buen humor, amistad, una mezcla de sagacidad y encanto. Los Irlandeses se toman muy en serio la diversión, todo lo que necesitan es una buena compañía y, quizás una o dos pintas y así, inmediatamente fluye la conversación.